Chef’s Table

La semana pasada se estrenó Chef’s Table, una serie de seis documentales producidos por David Gelb, el mismo que dirigió Jiro Dreams of Sushi, para Netflix. Cada episodio es una pequeña joya, una maravilla que -al menos a mí- me dejó extasiada y me encantó por distintos motivos. Uno por cada chef, estos documentales sin narrador tienen un aspecto visual y de sonido soberbio, que deleita bocas, ojos y oídos.
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Last week, Netflix premiered Chef’s Table, a series of six documentary films produced by David Gelb, the same guy who directed Jiro Dreams of Sushi. Each episode is a gem in their own right, a piece of wonder that captivated me and enamored me for different reasons. One per chef, these narrator-less documentaries have superb visual and sound treatments that enchant mouths, eyes, and ears.

El primer episodio es sobre Massimo Bottura, de Osteria Francescana, en Módena, Italia. Massimo es un tipo feliz, que se nota que disfruta de hacer lo que hace, de cocinar, de repensar la cocina italiana tradicional con una vuelta de tuerca, que ama apasionadamente a su mujer, a su familia y a su trabajo. Hace que te den unas ganas desesperadas de salir corriendo a comprar harina, huevos y empezar a amasar unos tortellini como los que hace él. Bellísimo, Massimo, te quiero.
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The first episode is about Massimo Bottura, from Osteria Francescana, in Modena, Italy. Massimo is a happy guy, who you can tell enjoys doing what he does, cooking, re-thinking the traditional Italian cuisine with a spin, who is passionately in love with his wife, his family and his job. It makes you want to desperately stop everything you’re doing and run off to get some flour, some eggs, and make some of his tortellini. Beautiful. I love you, Massimo.

El segundo es sobre Dan Barber, de Blue Hill, en NY, Estados Unidos. Si bien hay un mambo personal de Dan que me resultó medio bodrio (todo el temita de ser exitoso y a la vez tener una familia y ser padre y haber perdido a la madre de chiquito… Dan, para algo está terapia), me fascinó todo lo que hace él con su hermano y distintos productores agrícolas y pecuarios. Trabaja muy de cerca con esta gente y desarrollan mejores cultivos en una actividad sustentable, donde el “de la huerta a la mesa” es el principio rector. Me hizo acordar a varios cocineros argentinos que están haciendo algo similar acá.
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The second one is about Dan Barber, from Blue Hill, in NY, USA. Although there’s this personal stuff about Dan that was kind of boring (this whole thing about being successful and at the same time having a family and being a father and having lost his mother as a child… There’s therapy for a reason, Dan), I was fascinated by everything that he and his brother do with different agricultural and livestock producers. He works hand in hand with them and they develop better crops in a sustainable way, where “farm-to-table” is the guiding principle. It reminded me of many Argentine cooks who are doing something similar here.

El tercero es sobre Francis Mallmann, de Patagonia Sur, entre muchos otros. Chef argentino reconocido en todo el mundo, Francis está más allá de toda convención o regla tradicional. Y me parece que la tiene clarísima en muchas cosas, desde todo lo que dice sobre la libertad, la honestidad brutal, el amor y la forma en que se relaciona con ese grupo de gente que lo acompaña en sus trabajos (ese “soltar” en el mejor momento del otro, ay). Allá, en su isla perdida del sur, o en Uruguay o donde sea que le pinte prenderse un fuego, él es feliz. Y eso es lo único que (le) importa.
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The third one is about Francis Mallmann, from Patagonia Sur, among others. Worldwide known Argentine chef, Francis is beyond all conventions and traditional rules. And I think he’s got crystal-clear ideas when it comes to freedom, brutal honesty, love, and the way he relates to the group of people who join him in his jobs (that “letting go” thing when the other person is peaking, wow). There, in his tiny lost Southern island, or in Uruguay, or wherever he can light a fire, he is happy. And that is all that matters (to him).

El cuarto es sobre Niki Nakayama, de N/Naka, en Los Ángeles, Estados Unidos. Niki es una de esas personas que siempre tuvo que luchar contra la corriente: no solo se le complicó mientras estudiaba por ser mujer en un ámbito mayoritariamente masculino, sino que además su familia -al ser ella la hija menor- le escatimó en apoyo pero no en presión. Con una dedicación absoluta, logró ser exitosa y lleva su esfuerzo a puntos increíbles: en su restaurante, por ejemplo, tiene carpetas con información de cada persona que comió ahí (qué le gustó, qué no, a qué es alérgico, etc.), para que, cuando vuelva, le pueda armar algo a su medida, siempre distinto. El trasfondo familia asiática-presión-hija mujer-chef mujer-prejuicios-esconderse en la cocina también es tema de terapia, pero bueno, todo no se puede, che. Igual, Niki, te re banco.
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The fourth one is about Niki Nakayama, from N/Naka, in Los Angeles, USA. Niki is one of those people who’s always had to go the extra mile: not only while she was studying, because she was a woman in a predominantly male world, but also with her family because – being the younger daughter – they were scarce on the support but not on the pressure they put on her. With the utmost dedication, she managed to be successful and takes her efforts to incredible extents: e.g., in her restaurant, there are binders with information on every person who ever ate there (what they liked/disliked, what they are allergic to, etc.), so that when they return, she can prepare something tailored to their tastes, and always different from what they’ve had before. The whole Asian family-pressure-female child-female chef-prejudices-hiding in the kitchen stuff is also right up therapy’s alley, but hey, nobody’s perfect. Anyways, you rock, Niki.

El quinto episodio está dedicado a Ben Shewry, de Attica, en Melbourne, Australia. Lo que más me gustó de este documental fue cómo Ben se encargó de recuperar y volver a dar vida y uso a muchísimos cultivos e ingredientes típicamente australianos que ya nadie usaba ni conocía. Todo esto implicó e implica probar y reprobar distintas recetas (que se pueden saborear en los menús sin carta de los martes) hasta encontrar la mejor manera de cocinar cada ingrediente.
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The fifth episode is dedicated to Ben Shewry, from Attica, in Melbourne, Australia. What I liked the most about this documentary was how Ben took it upon himself to recover and give new life and uses to many typically Australian crops and ingredients that no one used or knew anymore. This entailed and still entails testing and re-testing different recipes (which can be enjoyed during Tuesday Night Chef’s Tables) until they find the best way to cook each ingredient.

Por último, llegamos a Magnus Nilsson, de Fäviken, en Järpen, Suecia. Si bien visualmente es magnífico, como todos los demás episodios, creo que este fue el que menos me atrapó en cuanto a la historia del chef en sí (el pibe que se va a estudiar cocina afuera y termina por volver a sus pagos y [re]descubre que ese es su lugar en el mundo), toda la experiencia de ir a comer a ese restaurante en el medio de la nada -una nada hermosa, eso sí- debe ser genial. Magnus recolecta muchos ingredientes de los alrededores (hace “foraging”) y se las arregla para tener provisiones durante los meses en los que está todo cubierto de nieve: hace curado de carnes, conservas de vegetales y todo lo que se les ocurra para que los ingredientes frescos del verano se puedan utilizar (ya transformados de alguna forma) en invierno.
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Lastly, we see Magnus Nilsson, from Fäviken, in Järpen, Sweden. Although it’s visually magnificent, like the rest of the episodes, I think that this documentary was the one I liked the least in terms of the chef’s story itself (a young guy who goes to study abroad only to go back “home” and [re-]discover that that is his place in the universe), the whole experience of eating at that restaurant in the middle of nowhere – a beautiful nowhere, for sure – must be amazing. Magnus forages many ingredients from the restaurant’s surroundings and manages to have supplies for the months when everything is covered in snow: he cures meats, pickles vegetables, and does anything you can think of so that fresh summer ingredients can be used (although somewhat transformed) in winter.

Ojalá que, si todavía no vieron Chef’s Table, este ¿breve? resumen les haya dado ganas de verlo. Si no tienen Netflix, pueden suscribirse (el primer mes es gratuito), buscarlo en YouTube o descargarlo por ahí (tampoco les voy a pasar los links acá, no sean vagos). Hay subtítulos en inglés y español, ya me fijé.
Yo lo único que espero es que Netflix saque una nueva temporada pronto. Tipo, mañana. 😉
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I wish that, if you haven’t watched Chef’s Table yet, this brief? summary makes you want to watch it. If you don’t have Netflix, you can subscribe (the first month’s for free), look it up on YouTube, or download it somewhere (I won’t give you the links, don’t be lazy). There are English and Spanish subtitles, I checked.
All I hope is that Netflix releases a new season soon. Like, tomorrow-soon. 😉

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6 thoughts on “Chef’s Table

  1. Hola! Buscando subs. por todos lados llegué a tu web que, de paso, me encantó. Estoy super enganchada con esta maravillosa serie, voy por el cuarto capítulo y no hay manera de que encuentre los subtítulos, los veo igual, pero me pierdo algunas cosas y la idea es verlo como corresponde. Me dirías dónde viste los subs. De más está decir que no tengo Netflix, los descargo por torrents. Gracias. Saludos de una tocaya.

    • Ja, qué loco cómo llegaste a este blog, me alegro de que te guste, bienvenida. 🙂 ¿Sabés que estoy buscando subtítulos de Chef’s Table y no encuentro? Juraría que los vi cuando escribí este post, pero ahora no sé, estoy dudando. Igual, fijate que te podés bajar Netflix, crearte una cuenta y usarla hasta un mes (o lo que te tome mirar todos los capítulos de nuevo, con subtítulos) sin cargo. Después, cancelás la cuenta y listo, no te cobran nada. 😉 Te chiflo si encuentro subtítulos.

      • ¡Muchas, muchas gracias! Ayer la terminé, pero me gustaría volver a verla con subtítulos, aunque sea en inglés, hay acentos que no capto y cositas que me pierdo. Me encantó la serie y coincido con vos con que el último capítulo es el más flojo. De todas maneras, cuando lo veía me repetía, “¡hay que tener eggs para montar un restaurante en la nada misma y esperar que caiga la gente, admirable!” Cuánta pasión hay en esas cocinas…me gustó mucho que la serie que vaya más allá de la cocina y que muestre un poco lo personal, cotidiano de cada uno sin caer en lo “mediático” y sin hacer un reality. Y ni que hablar de Vivaldi (para saberlo tuve que consultar con gente idónea porque no sé nada de música clásica) en al presentación, ¡¡pelos de punta!! Maravilloso.
        Beso grande.

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