Lima

Volví. Después de unas semanas frenéticas, que incluyeron viaje a Neuquén, Argentina, y a Lima, Perú, acá estoy. La locura no pasó del todo (necesito que sea fin de noviembre mañana), pero tampoco quería abandonar -todavía más- el blog. Va un racconto de lo que me traje (en la panza y en la valija) de Lima. 😉
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I’m back. After a few crazy weeks, which included a trip to Neuquén, Argentina, and another one to Lima, Peru, here I am. The frenzy isn’t quite over, though (I need the end of November to arrive ASAP), but I didn’t want to abandon this blog any longer. So here’s what I brought back from Lima (in my stomach and in the suitcase). 😉

Maras_small

Arrancamos con la increíble cena en Maras, el restaurante de Rafael Piqueras, dentro del Hotel Westin Lima. Llegamos ahí por recomendación de Juan Gaffuri, chef del Hotel Four Seasons de acá, amigo de Rafael y conocido de José (el colega y amigo para el que fui a trabajar a Lima). Elegimos el menú degustación que -nos explicaron- te lleva por el mar, la meseta y la montaña, en un recorrido por todo Perú. Al ratito de empezar, apareció Rafael a saludarnos y se puso a charlar con nosotros (!!!), que ya estábamos medio extasiados con todo lo que habíamos probado hasta ese momento. Rafael nos preguntó si nos gustaba el atún rojo (“SEEEHHHH”, fue nuestra respuesta), nos dijo que le había entrado uno fresquísimo y que nos iba a traer algo fuera del menú para que lo probáramos. Saltábamos en la silla como criaturas, se imaginarán. Se apareció al rato, entonces, con un sashimi impecable de atún rojo, espolvoreado con sal de Maras, enfriado con nitrógeno líquido y con cucharadas de polvo de aceite de oliva hecho con nitrógeno. Armó el plato frente a nuestros ojos y a los de todos los demás comensales del restaurante, que a esa altura no dejaban de mirarnos y seguro de preguntarse quiénes eran esos dos mal vestidos (estábamos muy informales y resulta que era un lugar bastante elegante) a los que Rafael les estaba haciendo una demostración en vivo. En fin. De locos. Los mozos y el sommelier te explican cada uno de los pasos, que -si bien son chiquitos- satisfacen, y mucho. La presentación de cada paso es hermosa, con detalles que hacen que la experiencia sea todavía mejor. No tiene sentido que les cuente cada paso (primero porque algunos no me los acuerdo y segundo porque sería aburrido); basta decir que nos fuimos felices, llenos y con ganas de abrazar fuerte a Rafael, quien -¡encima!- se tomó el trabajo de hacernos una lista a mano con los lugares a donde sí o sí teníamos que ir a comer y qué platos debíamos pedir. Un lujo. 😀
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We started with an amazing dinner at Maras, Rafael Piqueras’ restaurant at the Westin Lima Hotel. We went there after a recommendation by Juan Gaffuri, the chef at BA’s Four Seasons Hotel, who’s a friend of Rafael and who also knows José (the colleague and friend who took me to Lima to work). We chose the tasting menu, which – we were told – takes you through the sea, the plains and the mountains of Peru. Not long into our dinner, Rafael showed up to day hi and started talking to us (!!!), who were already quite excited about our meal so far. He asked us if we liked tuna (we said “YEAAAAHHH”) and then said he’d bring us something off the menu so that we could try it. We were jumping in our seats like little kids, you can imagine. So there he came, with a plate of thick nitrogen-chilled tuna sashimi, sprinkled with Maras salt and with an olive oil powder. He prepared the dish right in our faces, and those of the other fancy guests at the restaurant, who were probably by then wondering who were those two way-too-casually dressed persons were. Anyways, it was insanely awesome. The waiters and the sommelier explain every one of the dishes, which – albeit small – are quite satisfying and beautifully plated, which further improves the experience. It’s pointless for me to mention every dish (first because I don’t remember some, and then because it’d be boring); just know that we left extremely happy and wanting to hug Rafael very tightly. He even took the time to write us a list of the places where we had to eat and the dishes we had to try. Lovely. 😀

Mercado_small

Para bajar un poco a la tierra y porque, además, nos encanta, visitamos el Mercado de Surquillo (previo paso fallido por Chez Wong y Otani, ambos lugares cerrados por vacaciones, ufff). Si bien la chica del hotel medio que entró en pánico cuando le dijimos que queríamos ir ahí (no es un lugar “turístico” habitual), no tuvimos problemas y la pasamos genial. Hay muchísimos puestos, gente por todos lados, pasillos angostos y productos por donde se mire. Maíz, papas y bananas de todos los colores y tamaño, coliflor violeta, bayas Goji, romanesco, quinoa y granos rarísimos. Por recomendación de la chica a la que le compré quinoa, las Goji y la sal de Maras, almorzamos en El Cevichano, un local del mismo mercado (y donde ella almuerza los domingos, me dijo). Primero nos trajeron un caldo de pescado, después un ceviche mixto para mí y uno de erizos para José, y cerramos con una jalea enorme para los dos (pedazos de pescado y mariscos fritos). Súper fresco, abundante y lleno de gente local, lo que siempre es una buena señal. En la valija me traje las bayas Goji, quinoa, polvo para hacer salsas huancaína y ocopa, trigo mote, maíz rojo, sal de Maras y unos chocolates peruanos. 🙂
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On a more down-to-earth note, and also because we love that, we went to the Surquillo Market (after having tried to eat at Chez Wong and Otani, both closed for holidays, ugh). Although the concierge at the hotel sort of panicked when we told her we wanted to go to the Market (it’s not your typical “tourist-y” place), nothing went wrong and we had a great time. There are so many stands and booths, people are everywhere, the aisles are narrow and there’s produce everywhere you look. Corn, potatoes, and bananas of all sizes and colors; purple cauliflower; Goji berries; romanesco; quinoa; and the weirdest grains. I bought some quinoa, Goji berries, and Maras salt from a girl in there, and she recommended we ate at El Cevichano, a place inside the market where she has lunch on Sundays, she said. They first gave us a fish stock, then I had a mixed ceviche and José a sea urchin ceviche, and then we finished with a huge jalea for two (fried bits of fish and sea food). It was super fresh, the dishes were quite big, and it was full of locals, which is always a good sign. I brought back some quinoa, Goji berries, powder to make huancaína and ocopa sauces, wheat, red corn, Maras salt, and some Peruvian chocolates. 🙂

Lucha_small

Y como no todo es glamour (?), también fuimos a un puesto de La Lucha, una sandwichería famosa en Lima, y compartimos un sandwich de cerdo a la leña con cebollas y algunas salsas picantes, más un licuado de frutilla, naranja y -creo que- banana. Al paso, barato y riquísimo.
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And continuing with our not-so-glamourous tour (?), we stopped by a La Lucha stand, a famous sandwich shop in Lima, and shared a pork, onion, and spicy sauces sandwich, plus a strawberry, orange, and banana – I think – smoothie. Quick, cheap, and tasty.

Barra_small

Y para terminar esta extensa crónica en un punto muy alto, José, Valeria (colega de portugués) y yo cerramos nuestro paso por Lima con una cena inolvidable en La Barra, lugar liderado por Diego Muñoz y dentro de Casa Moreyra, un edificio que es patrimonio histórico de la ciudad. Como verán en los videos, nos sentamos en la barra, propiamente dicha, y no nos podrían haber tocado mejores asientos. Durante unas 3 horas, pudimos ver a toda la banda de cocineros (unas 15 personas) mientras preparaban distintos platos y se movían al compás de una música llena de ollas y sartenes, e interrumpida por el grito de “oído” cada vez que el jefe de cocina cantaba una comanda. Absolutamente hipnótico. Pedimos unas almejas, un tiradito, un pulpo con quinoa y un pescado con emulsión de manteca, vino blanco, chauchas y ajo frito. Todo, pero TODO, estaba maravilloso. Creo que habremos aplaudido a los cocineros unas dos o tres veces. Nos quedó pendiente el ossobuco braseado, que sale un montón y que tenía un aspecto increíble. Tanto lo alabamos que el chef de cocina nos trajo un platito con algunas cucharadas de la carne, la salsa y los farfalle que lo acompañaban. Un ídolo. Hablamos un rato con él, con el jefe de partida de salsas y con la genia de Wanda, que estaba en la estación justo enfrente nuestro y que, además, es conocida de José (es argentina, tiene 21, trabaja ahí hace 6 meses y pasó de la barra -es bartender- a la cocina). Nos fuimos con la sensación de que cada uno de los que está del otro lado de la barra
hace su trabajo con pasión, como si fuera la primera vez que preparan cada plato, con una dedicación y una alegría que se nota en lo que sirven.
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And to end this rather lengthy post on a very high note, José, Valeria (a colleague who does Portuguese), and myself wrapped up our Lima tour with an unforgettable dinner at La Barra, a place led by Diego Muñoz and inside Casa Moreyra, a historical building in Lima. As you will see in the videos, we sat literally by the bar, and we couldn’t have had better seats. For about three hours, we were able to see the whole band of cooks (some 15 people) dancing to the music of pots and pans, only interrupted by the “yes, chef” shouts every time the chef called out an order. Completely hypnotizing. We ordered some clams, a tiradito, octopus with quinoa, and a fish with a butter and white wine emulsion, green beans and fried garlic. Everything, and I mean EVERYTHING, was spectacular. I think we actually gave two or three rounds of applause for the cooks. We couldn’t order the braised ossobuco (it was way too much food), which looked amazing, but we praised it so much that the chef brought us a small plate with some meat, sauce and a small side of farfalle pasta. You, sir, are awesome. We talked with him for a while, and also with the cook in charge of the sauces, and with Wanda, a 21 years old Argentine girl who started at La Barra 6 months ago as a bartender and then moved on to the kitchen; so cool. We left feeling like every one who’s on that other side of the bar works with passion and makes each dish as if it were the first time, with palpable devotion and happiness.

Les dejo dos videos que grabé con el celular: uno de la vista desde mi asiento y otro del postre que nos pedimos. Se llama “Bomba” y era una pelota de chocolate blanco rellena con frutos secos, coco hidrogenado, budín de chocolate frito, salsa de chocolate y un helado de queso de cabra que era una locura de exquisito. Las fotos de La Barra no son mías (los enlaces correspondientes están en el primer comentario) porque anoche hice lío y, por error, las borré del teléfono y de la computadora, pero esos son los platos que comimos. Aguante Instagram. 😛
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Here are two videos I recorded on my phone: one is the view from my seat, and the other of the dessert we had. It’s called “Bomb”, and it’s a white chocolate ball stuffed with nuts, hydrogen-chilled coconut, fried chocolate bread, chocolate sauce, and a goat cheese ice cream that was ridiculously good. The La Barra pictures are not mine (the relevant links are in the first comment), because last night I erased them by mistake, but those are the dishes we had. Yay for Instagram. 😛

Gracias, Lima, por tanta magia. ❤
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Thank you the magic, Lima. ❤

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